En tiempos donde la política se tiñe de extremos, es vital discernir entre la crítica constructiva y el apoyo incondicional a posturas que, en esencia, vulneran los derechos humanos. Mi postura frente a la hipocresía de la extrema izquierda y las decisiones del gobierno de Gustavo Petro no debe confundirse con un respaldo a los antiderechos. A pesar de ser proaborto como un derecho a decidir y defensora de las libertades fundamentales, no puedo dejar de señalar las incoherencias que observo en este mandato.
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La gestión actual ha mostrado actitudes que van en contra de los principios que defendemos. La falta de escucha a las voces críticas dentro de su propio movimiento refleja una mediocridad alarmante. La izquierda, en su afán por aferrarse al poder, parece haber olvidado los ideales que antes proclamaba. No se puede ser un líder que desprecia y combate a aquellos que critican su gestión sin caer en la misma trampa del autoritarismo que tanto se denuncia.
Es fundamental reconocer que los derechos colectivos son esenciales, sin embargo no deben eclipsar los derechos individuales. En este sentido, siempre me he considerado Ácrata y Anarquista en lo más puro de la filosofía libertaria, así como Feminismo Artesanal.
No soy dogmática; creo firmemente que hay que actuar con responsabilidad y coherencia. La prioridad ahora es enfrentar cualquier forma de dictaduramoderna, sin importar su color ideológico. La crítica es una herramienta poderosa y necesaria para construir una sociedad más justa. No podemos permitir que la desesperación por mantener en el poder a ídolos nos lleve a traicionar nuestros principios.
Es tiempo de recordar que la lucha por los derechos humanos debe ser inquebrantable y debe incluir a todas las voces, incluso aquellas que disienten.
Actualmente de lo que se trata la democracia en Colombia es de discernimiento de lograr alejarnos éticamente de todo lo que nos aleje de la injusticia social y nos acerque a la fatalidad alejándonos de cualquier mejoría real en materia de calidad de vida en derechos. Las causas sociales con perspectivas diferencial incluyendo el feminismo no pueden ser secuestradas por ningún partidismo. Ahora más que nunca necesitamos de activismos que tengan eso claro.